La UE liberaliza su energía
Fuente: ABC.es
La Comisión Europea ultima estos días los detalles del que será el tercer y definitivo paquete para la liberalización de la energía con el que pretende abrir este sector a la competencia y acabar con la concentración del mercado, la integración vertical del suministro, la impermeabilidad ante la llegada de nuevos operadores y la falta de inversiones.
Las nuevas medidas energéticas, que serán presentadas el próximo 19 de septiembre, han convertido de nuevo a la energía en el epicentro de un debate que mantiene enfrentados a los Estados miembros.
Tanto Bruselas como los Gobiernos de la Unión Europea coinciden en la necesidad de crear un mercado interior de la energía que asegure el suministro, sin embargo, la letra pequeña del nuevo paquete promete levantar muchos puntos de fricción en lo que se refiere a la llamada «separación patrimonial» o «umbundling».
Bruselas pretende separar las actividades de producción y de transmisión de gas y electricidad y abrir así el mercado a nuevos operadores. «Queremos garantizar que todas las compañías tengan acceso a las redes de transmisión de energía en igualdad de condiciones», afirmó el portavoz europeo de Energía, Ferrán Tarradellas.
La entrada en vigor de esta medida supondría que los actuales productores de gas y electricidad, que son al mismo tiempo propietarios de las redes de transmisión, deberán ceder estas últimas a inversores externos. Se acabó pues el control de todo el negocio por parte de una misma compañía.
Esta separación patrimonial ha sido recibida con cierto dramatismo en países como Francia y Alemania, cuyos grandes grupos energéticos, Gaz de France y E.ON, controlaban hasta ahora todas las actividades energéticas desde la generación hasta la venta y no quieren oír hablar de la partición de su negocio.
España no ha presentado objeciones hasta el momento a la iniciativa de la CE, puesto que la separación de las actividades es ya una realidad en nuestro país, al igual que en Reino Unido, Dinamarca, Holanda, Bélgica, Suecia, Finlandia, Rumania, también a favor.
Propuesta «nefasta e inútil»
París y Berlín, apoyados por las voces de Austria, Luxemburgo, Eslovaquia y Grecia, han ideado una tremebunda maniobra de lobby en Bruselas para evitar que la iniciativa de la CE, que han tachado de «inconstitucional», «inútil» y «nefasta», salga adelante.
«No estamos a favor de la separación patrimonial de las empresas, nosotros no vemos la estructuración del mercado de la energía desde el único ángulo de la liberalización», afirmó esta semana en Estrasburgo el secretario de Estado francés de Asuntos Europeos, Jean-Pierre Jouyet.
El ministro francés de Ecología y Desarrollo Sostenible, Jean-Louis Borloo, ya pidió por escrito a Bruselas que «descarte» la medida. Sin embargo, según confirmaron a este periódico fuentes comunitarias, Bruselas observa la insistencia francesa como una «necesidad electoral».
Quizás la crítica más agresiva haya que atribuírsela al presidente de la alemana E.ON, Wulf Bernotat, que este verano acusó al Ejecutivo comunitario de «despertar expectativas erróneas en los consumidores» puesto que, según afirmó, no existe relación entre la propiedad de las redes de transporte y los precios de la energía. «Es el camino equivocado para lograr un mercado interior europeo», afirmó Bernotat.
No obstante, y aunque la CE se muestra intransigente con la separación de actividades, tampoco pretende desbaratar la actividad de las compañías de cualquier manera y baraja varias fórmulas para llevar a la práctica la separación. Por un lado contempla la opción de dividir el accionariado de una empresa que concentre ambas actividades (o venda las de transmisión) y, por otro, que las redes de transmisión sigan perteneciendo a la compañía productora, pero ésta ceda su gestión a otra entidad independiente.
«No» a las inversiones rusas
Otro de los grandes temores de Bruselas ante la llegada del plan de liberalización energético es que éste acabe por favorecer a los inversores extranjeros en detrimento de las compañías europeas. Los comisarios de Energía y de Competencia, Andris Piebalgs y Neelie Kroes, quieren evitar que la disgregación de las actividades de los grandes grupos energéticos europeos sirva de anzuelo para la llegada de inversores extranjeros, y mucho menos de aquellos, como las saudíes o la rusa Gazprom, en cuyos mercados los inversores europeos se tropiezan con fuertes restricciones.
Es por ello que Bruselas está estudiando el establecimiento de una «cláusula de reciprocidad» que a través de ciertos mecanismos blinde el mercado comunitario a la llegada de compañías extranjeras que supongan una amenaza.
Para proteger de su «vulnerabilidad» a la UE ante una posible «estrategia por parte de terceros países», la CE baraja varias fórmulas, como la definición del mercado energético como «estratégico», o bien otorgarse a sí misma el derecho de someter a escrutinio la entrada de cualquier comprador.
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